“ECUMENÓPOLIS” O LA CIUDAD HAMBRIENTA

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¿El crecimiento urbano implica mejor calidad de vida?

El pasado jueves 26 de abril se pasó en Tarragona “Ekümenopolis” de Imre Azem, el primer documental (el siguiente será el 17 de mayo) que da nombre a un ciclo audiovisual (“Ecumenópolis”), destinado a hacernos reflexionar sobre los procesos de urbanización y transformación de la ciudad contemporánea. La reflexión gira entorno a la “manera en que habitamos las ciudades y en cómo, por lo tanto, ocupamos el planeta”. El documental, que se estrenará en los cines turcos, muestra las consecuencias urbanísticas y humanas del frenético paso de Istambul de ciudad industrial a metrópolis global. Evidenciando la manipulación de la normativa urbanística para atraer a los inversores.
“Ekümenopolis” alumbra varios ejemplos de las consecuencias de la urbanización. En uno de ellos se plantea la siguiente situación: un asentamiento de chabolas situado en una ciudad con ansias de desarrollo, supone una evidente problemática social. Cuando el suelo en el que se asienta se revaloriza (léase multiplica su valor), se convierte en un obstáculo a destruir. Entonces se actúa. Excavadora en mano se derriban estas construcciones (que manchan, que molestan) y ante una espesa nube de tierra, se desvanece parte de la identidad de cada uno de sus habitantes. El abandono. Estas personas son trasladadas a una vivienda de protección oficial, cuya mensualidad supera con creces sus capacidades de pago. Y la verdadera cuestión es: ¿se soluciona así la inicial problemática social?

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“Ekumenopolis” nos ofrece una visión apocalíptica del futuro que nos espera. Monstruos de hormigón y cristal, verticales, poderosos. Que superan nuestra escala y nos imponen silencio despreciándonos en su ruido. Que no dejan espacio para la curva en su plano geométricamente ordenado. Que impiden a los ciudadanos conocer el histórico significado del verbo respirar. Que impiden al agua de la lluvia entrar en contacto con la tierra. Que acrecientan nuestro individualismo. Aquel al que nos abrazamos tan intensamente. Aquel que niega la ciudad en su esencia (un tejido irregular hilado por todos), convirtiéndola en un ideal.
Y no es nada nuevo, Fritz Lang, Terry Gilliam y George Orwell conocían la historia y, seguramente aterrorizados, mostraron la huella que había marcado en sus vísceras. Desde diferentes disciplinas de la creación se ha lanzado el grito de lo que nos depara la senda por la que estamos andando. Estos tres nombres y sus creaciones son paradigmas modernos de aquello que es más viejo que el diablo: la insaciable sed del ser por beber de la fuente de la vida eterna; por encontrar la mano del Rey Midas, o las minas de Salomón. Por descifrar el paradero del tesoro escondido, o documentar la presencia del monstruo del Lago Ness. Por construir el cohete que derive a más distancia; por despertar los más sinceros suspiros de envidia o los más resonantes aplausos en los demás. Por controlar. El anillo del poder. El dorado objeto del deseo.
Bajo el paraguas del progreso se protegen esos “Hombres grises” a los que preferimos no mirar a los ojos. A los que preferimos no conocer aún percibiendo su presencia.
Y bajo la lluvia, la ciudad hambrienta. Nosotros seremos su mejor banquete.


Article escrit per Encuentros, suplement cultural. Publicat el 28.04.2012. Pàg. 13. Veure

En motiu de “Ecumenópolis,” mostra de documentals sobre els processos d’urbanització i transformació de la ciutat contemporània.

Imatges: Esther Canals

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ENRIC SAGNIER, UNA HUELLA A RECUPERAR

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Tras la huella del personaje

Barcelona, 1958. Buen año y buen lugar para nacer un arquitecto.

Barcelona, 1958, ciudad insalubre, oprimida, que decide arrancarse el corsé pétreo que la reduce a plaza fuerte. Una Barcelona con afán de expansión, cual virus contagioso. Crecer, crecer y crecer. Más o menos deseado, el Plan Cerdá aporta una respuesta hipodámica a ese afán. El Eixample aparece como el campo de batalla donde Sagnier combatió con más frecuencia. Batallas cómplices, poco crudas. Poca sangre, mucha piedra. Aunque estas gestas parecen haber sido olvidadas en el tintero por la historiografía, es en ese mismo campo de batalla donde lucen la mayoría de sus más preciadas victorias. Aquellas que han sobrevivido a la metálica y destructora mano de la excavadora, fiel cómplice de la urbanística actual, cuyas directrices son marcadas por la imperiosa batuta de la especulación.
Un óleo, unos cuantos objetos personales y unas imágenes nos introducen en el mundo que cobijó a Enric Sagnier. A pesar del blanco y negro, en cada una de las fotografías la riqueza luce en toda su gama de colores. Un mundo hecho de seda, encajes, pajaritas, brillantina y polisones. Recogidos circulares coronan la impoluta cabeza de ellas. Refinadas manos las de ellos acostumbradas a tratar con tazas de chocolate, libros, violines, binoculares…
El “Caixa Fòrum” nos presenta un hombre cuyas manos nunca dejaron de entrar en devoto contacto para cumplir su católica misión; se hartaron de hacer rodar el compás; y se acostumbraron a recibir cheques de banqueros, aristócratas, comerciantes, empresarios…
La exposición vertebra el carácter de la obra de Sagnier en dos ideas: ubicuidad y versatilidad. Un gran trabajador. Un arquitecto burgués que construía para los burgueses. Palacios, chalets, edificios de pisos, panteones, fábricas y un largo etcétera que completaría sus más de 400 obras documentadas. Con un tono grandilocuente pero sencillo, Sagnier hablaba un poco todos los idiomas que necesitaba para comunicarse con aquellos que le hacían los encargos. Serenidad y equilibrio clasicistas; arcos apuntados en honor al Gótico; elementos curvos, ondulantes, teñidos de Barroco; Modernismo ascético…
Esta exposición podría suponer un pequeño homenaje de “La Caixa” al arquitecto que realizó sus sedes históricas. Que una de ellas esté situada en la Rambla Nova de Tarragona, se aprovecha para hablar de un personaje con más gancho para el visitante de la ciudad; “Maginet Pelacanyes” y su contagiosa tabla del siete.
“La ciutat de Sagnier. Modernista, eclèctica i monumental” es un homenaje a un arquitecto cuya figura, aún bastante desdibujada, se nos presenta sin un carácter rompedor a nivel constructivo y decorativo pero con una extrema facilidad para adaptarse a las exigencias de cada cliente. Lo segundo lo conduciría a una fama reconocida oficialmente en vida. Lo primero ayudó, quizás injustamente, que la huella de la misma se esfumara tras su propio paso.


Article escrit per Encuentros, suplement cultural. Publicat el 25.06.2011. Pàg. 13. Veure

En motiu de l’exposició “La ciutat de Sagnier. Modernista, eclèctica i monumental” al Caixa Forum Tarragona

Imatge: Esther Canals

VOCES. PATRIMONIO REVELADO

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¿Puede ser la belleza limitada al disfrute de unos cuantos?

¿Debe ser la emoción, al descubrir algo más sobre nosotros mismos a partir de nuestros antepasados, mostrada en una sala, a la cual se accede solamente previo pago de entrada?

¿Debe ser el horror o el orgullo de conocer aquello que se construyó con las manos del pasado; manos de cuyas huellas dactilares solo nos han llegado aquellas que pudieron conseguir pagar su permanencia con tinta; encerrado con los barrotes de la posesión?

¿Debería ofrecerse en sacrilegio todo aquello que tanto ha costado conseguir a la destructiva naturaleza humana?

Dudas, dudas y más dudas. Un mar de niebla se avalancha hacia el pantanoso terreno del patrimonio, cómo definirlo, cómo tratarlo, cómo rendirle culto, homenaje o sacar provecho con él…
Pero si cerramos los ojos de la mente para que reposen sus motores y nos quedamos en silencio, hay una voz lejana que empieza a acercarse. Esa voz despoja a los conceptos para dejar al descubierto su esencia. Esa voz es sincera. Y me habla a mi.
Y a ti.
Y a ti.
Y a ti también.
Esa voz que sólo aparece para aquellos que quieren escuchar. Presente en cada una de las imágenes de la exposición.

La voz de Vari Caramés nos cuenta que el patrimonio, como la vida, no es más que una superposición de capa sobre capa. De detalles, sensaciones, absolutos. Presente sobre pasado, moderno sobre antiguo, móvil sobre fijo… sin que el orden de los factores altere el resultado del producto. La vida superpuesta a la inmortalidad no puede sino hacer a una más viva y a la otra más inmortal. La ilusión de sabernos mortales. Lo eterno de los momentos más insignificantes.

Pep Escoda juega con una voz que sólo puede ser escuchada si se está en el lugar adecuado en el momento adecuado. Sino se escapa. Tan fugaz como eterna. Magia que muere cada noche para volver a nacer cada mañana. Tan variable cual actriz que se cambia de vestido en función del papel que le toca representar. Esa voz es luz. Que se filtra por los rincones más recónditos con delicado misterio. Que juega con aquellos que osan entrometerse en su camino esculpiendo proyecciones caprichosas. Que acaricia cada una de las viejas conocidas pétreas superficies para confesarles su más íntimo respeto.

Bernard Plossu arranca fragmentos de ciudad para construir el silencio. El murmuro del agua de lluvia entrando en contacto con el suelo es la voz que nos conduce por su mundo. Nos intuye lugares cubriéndonos el rostro con un velo de seda anaranjado que les confiere calidez.

Juan Manuel Castro Prieto usa la profundidad de campo para mostrarnos el eterno recuerdo en el momento de su desvanecimiento. Su voz nos desvela que se deben abrir los ojos para empezar a soñar.

Quim Vendrell nos adentra en el mundo de la dialéctica con sus parejas de imágenes que mantienen una conversación mental a partir de una previa asociación formal.

Y Mónica Roselló trabaja con ideas que se encuentran y que recorren parte del camino haciéndonos partícipes, observadores de aquello observado.


Article escrit per Encuentros, suplement cultural. Publicat el 28.05.2011

En motiu de l’exposició “Genius loci. Tarragona revelada” al Tinglado 2 del Moll de Costa de Tarragona

Imatge Esther Canals Piñol